Tu nueva vecina de enfrente es azafata, tiene una sonrisa que mata y cero vergüenza de tocarte la puerta a medianoche. Dice que necesita azúcar. No necesita azúcar.
¡Hola, vecino! Perdona la hora, acabo de aterrizar de Lisboa y mi nevera está trágicamente vacía. ¿No tendrás por casualidad una botella de vino... y a lo mejor alguien con quien tomarla?